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Hoy en día, no paramos. Vivimos en varios mundos paralelos que debemos hacer coexistir en harmonía y sin fricciones. Que si el trabajo, los niños, la casa, los amigos, las aficiones, … Hay que darlo todo y el día tan sólo tiene 24 horas.

A menudo, descuidamos nuestras propias necesidades para poder cumplir con las exigencias de nuestros distintos roles y nuestro entorno.

Y encima, en los medios y en las redes, no paramos de ver a gente que aparentemente lo tiene todo: éxito, dinero, una pareja o familia fabulosa, tipazo y glamour.

El listón está muy alto, e intentar alcanzarlo es simplemente agotador.

Así que no es de extrañar que en el mundo occidental, sobre todo, estamos cada vez más estresados y más agobiados.

La ansiedad se manifiesta en una serie de síntomas de distintos tipos. Aquí te dejo una lista de los más comunes, y te explico si son peligrosos o no.

 

Síntomas físicos de la ansiedad

La ansiedad se manifiesta primeramente a través de sensaciones en nuestro cuerpo.

Es importante saber que la mayoría de estas señales son producto de nuestra evolución.

Desde que éramos hombres y mujeres de las cavernas, los cambios que se producen en nuestro cuerpo ante una situación potencialmente insegura o peligrosa nos han ayudado a sobrevivir.

Déjame que te dé un par de ejemplos.

Cuando nos enfrentamos al peligro, los mamíferos podemos tener tres clases de respuesta instintiva: parálisis, lucha o huida.

O bien nos quedamos totalmente inmóviles, esperando que el peligro (depredador) no nos ataque, o bien nos defendemos, o bien huimos de la situación.

Para poder luchar o huir con rapidez, nuestro cuerpo se tiene que preparar:

  • Nuestra frecuencia cardíaca aumenta.
  • Respiramos más rápido para poder obtener más oxígeno.
  • El flujo sanguíneo se concentra en los músculos más grandes y disminuye en nuestras extremidades.
  • Se nos pone la piel de gallina, y el pelo de punta. En los mamíferos con mucho pelo, esta reacción hace que se vean más grandes y amenazadores.
  • Empezamos a sudar más. El sudor ayuda a prevenir un sobrecalentamiento del cuerpo y hace que la piel resbale.

Cuando sentimos ansiedad, también podemos sonrojarnos. Esta respuesta es consecuencia de la evolución también, ya que ayuda a la cohesión social. Cuando nos sonrojamos, es más probable que los que están alrededor nos den apoyo y comprensión.

En el hombre y la mujer modernos, la ansiedad se manifiesta principalmente a través de los siguientes síntomas físicos: palpitaciones, sudoración excesiva, respiración entrecortada, sensación dolorosa o desagradable en el pecho, náusea o molestias abdominales, mareos o vértigo, cosquilleos, escalofríos o sofocos, manos temblorosas, sentir como si estuvieras fuera de tu cuerpo, sensación de ahogo, dolor muscular (espalda, nuca, mandíbula…) …

 

Síntomas cognitivos y comportamentales de la ansiedad

Cognitivos quiere decir, en palabra simples, “generados por nuestra mente”. Y “comportamentales” se refiere a cómo se manifiesta la ansiedad en nuestro comportamiento.

Los síntomas cognitivos más comunes de la ansiedad son: dificultad para relajarse o dormir, preocupación constante o recurrente, miedos, irritabilidad.

Cuando sentimos ansiedad, nos da miedo a perder el control, o que nos pase algo malo.

El paso siguiente es intentar controlar a toda costa las situaciones de nuestra vida y nuestra propia reacción a ellas, preocupándonos, utilizando diversas estrategias, elaborando planes … lo que nos deja agotados.

A menudo, empezamos a evitar situaciones potencialmente “amenazadoras”, con lo cual nuestra vida social, laboral, familiar o de pareja se puede empezar a resentir.

Si esta situación se prolonga, nuestros miedos o inseguridades pueden crecer con el tiempo. Disminuye nuestra autoestima, nos sentimos desalentados. La situación nos pone tristes y nos frustra no poder salir de ella.

Pero no nos sentimos capaces de romper el círculo vicioso, de dejar de darle vueltas a las cosas, de dejar de preocuparnos, de dejar de intentar controlar las cosas. Y ello porque nos da miedo lo que podría pasar si lo hiciéramos. Sospechamos que acabaría en caos y desastre total.

 

¿Necesito ir a un psicólogo?

En realidad, la ansiedad no es “mala” de por si, y los síntomas en sí mismos no son peligrosos. Como te comenté antes, en su origen es una reacción evolutiva para prepararnos física y mentalmente para una situación amenazante o difícil. Hace que estemos más alerta y que el cuerpo pueda reaccionar rápidamente si fuera necesario.

La ansiedad es pues una emoción completamente normal y humana. Todos, absolutamente todos, sentimos nervios y ansiedad de tanto en tanto y ante determinadas situaciones.

Si sientes ansiedad de forma esporádica y con una intensidad moderada, probablemente te baste con aprender algunas técnicas sencillas de relajación, hacer un poco de ejercicio físico, comer sano, descansar… en definitiva, llevar una buena higiene de vida.

El problema es si los síntomas de ansiedad se hacen crónicos o recurrentes, porque ahí probablemente empieces a comportarte de forma poco “constructiva”.

Por ejemplo, haces cosas que no te ayudan en absoluto: a fumar, beber o comer demasiado, a pasar horas y horas surfeando en internet o mirando la tele en lugar de hacer lo que tienes que hacer, a darle mil vueltas a las cosas, a preocuparte por todo …

Y/o dejas de hacer cosas importantes en tu vida: dejas de ir a la escuela o al trabajo, dejas de quedar con los amigos, dejas de conducir, de salir de tu casa, de cuidarte, …

Si llega un momento en que la ansiedad te está trastocando la vida e impidiendo funcionar como a ti te gustaría, entonces te recomiendo que consultes a un psicólogo sin más tardar.

Los psicólogos tenemos las herramientas para ayudarte con los síntomas y a encarrilar tu vida hacia la dirección que desees. Si lo deseas, aquí me tienes para ayudarte en tu trayecto, simplemente envíame un correo a info@noelasouza.com para conocernos, sin compromiso.

¡Aprende a liberarte de las garras de la ansiedad y vive la vida en tus propios términos!

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