Las personas que sufren de ansiedad coinciden: es una experiencia muy difícil. Aquí no estoy hablando de momentos puntuales en los que puedas sentir estrés, por falta de tiempo o de recursos. Estoy hablando de personas que viven temiendo el momento en el que la ansiedad se va a presentar otra vez, para arruinarles el día, personas que darían lo que fuera para deshacerse de esa ansiedad.

Quizás no eres tú, pero sí una persona de tu entorno. En este caso es importante que te familiarices con su vivencia, que intentes entender por lo que está pasando, y que le demuestres empatía, porque necesitará de todo el apoyo que le puedas dar.

Veamos ahora, con más detenimiento, qué hace la experiencia de la ansiedad tan difícil para el que la sufre.

1. Las sensaciones físicas de ansiedad son muy desagradables

La ansiedad viene acompañada de sensaciones corporales que preferiríamos evitar: temblores, rubor, un nudo en el estómago, presión en el pecho, respiración acelerada, sudor…. Son reacciones automáticas cuando nuestro cuerpo piensa que estamos enfrentándonos a un peligro o una amenaza. Puesto que son automáticas, no tenemos control sobre ellas, pero la persona que sufre de ansiedad crónica no las soporta, las odia y las teme. Cuando estas sensaciones aparecen, son causa de más angustia y vergüenza, y se genera una espiral de desesperación que deja a la persona agotada emocionalmente.

2. Te da la sensación de que te estás volviendo loca

Cuando sufres de ansiedad, te asaltan pensamientos horribles en cualquier momento. Se llaman pensamientos intrusivos, porque se meten en tu conciencia a pesar del rechazo que te generan. Piensas en todo lo que puede ir mal, en lo mal que vas a reaccionar, en la imagen que vas a dar… Si tienes una crisis de ansiedad en público, igual: te martirizas pensando en lo mal que has gestionado la situación y la opinión tan pobre que seguramente tendrán de ti; incluso te culpabilizas, pensando en lo mal que crees habérselo hecho pasar a la persona con la que estabas.

Y lo peor es que no puedes parar, es un molino mental. Puedes pasarte días y noches dándole vueltas a lo mismo. De nuevo, agotador.

3. No tienes control sobre tu ansiedad, ella te controla a ti

Una de las peores características de la ansiedad es que te puede sobrevenir en cualquier momento, incluso cuando te dan buenas noticias, y arruinarte el día (o la noche). Cualquier pequeño incidente es suficiente para alarmarte y quedarte en alerta, esperando el momento en que la cosa se vaya de madre.

Darías lo que fuera por levantarte y tener la seguridad de que vas a tener un buen día, pero nadie te puede dar esa garantía. No sabes cuándo llegará la ansiedad, cuánto durará y cómo superarla. Te sientes una víctima, impotente ante ella.

4. Te sientes incapaz de hacer lo que hace todo el mundo

La mayoría de la gente puede participar en la conversación cuando está de cena con un grupo de amigos, acepta oportunidades laborales, puede conducir o coger el metro, presentarse a exámenes, puede ir de tiendas, ir a formaciones, salir de casa sin comprobar 7 veces exactamente que la cerradura está cerrada, … La persona que sufre de ansiedad piensa en todas las cosas «normales» que hace «todo el mundo» y se siente mal por no tener el valor de llevarlas a cabo, o por pasarlo tan mal cuando no tiene más remedio que enfrentarse a esas situaciones. Se machaca y autocritica por ser «miedica» y «ridícula». 

5. Te acomplejas

Por supuesto, si ves que no eres capaz de enfrentarte a situaciones normales con un mínimo de «normalidad», te sientes mal. Piensas que eres un individuo que tiene un defecto de fabricación que lo hace diferente a todos los demás. Vives con vergüenza y culpa por tus limitaciones, por el efecto que tiene en tu vida, y por lo que piensen los demás. Desgraciadamente, los problemas y trastornos de ansiedad pueden tener un efecto devastador en la autoestima.

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6. Tu vida se vuelve pequeña

Cuando tienes un problema de ansiedad, identificas una serie de situaciones que te ponen especialmente nerviosa. ¿Una cena de trabajo? Te pasas días o semanas pensando en lo mal que lo vas a pasar, a qué hora vas a llegar para no tener que darle conversación a nadie, dónde te vas a sentar, lo nerviosa que te vas a poner si alguien te pregunta algo y todos se te quedan mirando, la vergüenza que vas a pasar por no poder responder con normalidad, la cara de lástima de los demás… Como lo vives como una tortura, llega un momento que decides dejar de aceptar invitaciones, ir a formaciones del trabajo, o formar tú a otros. Pero cuanto más evitas, más pequeña te sientes, y más probabilidad hay de que acabes renunciando a otras oportunidades y evitando más situaciones. Tu vida se vuelve pequeña, al igual que tu autoestima.

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¿Te reconoces en alguno de los puntos anteriores? ¿Qué es para ti lo peor de tener un problema de ansiedad? ¡Cuéntamelo en los comentarios!

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Me llamo Noela Souza, soy psicóloga en Ibiza y también tengo consulta online. Mi misión es ayudar a las personas que se sienten pequeñas a vivir vidas grandes.

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